Se llamaba François Bertrand apodado el “vampiro de Montparnesse”  Se metía en los cementerios donde a los cadáveres los despedazaba, los destripaba y luego en un ataque de frenesí, esparcía por todos lados los pedazos. Le gustaba meterse en el cementerio de Montparness porque los cuerpos ahí enterrados eran de personas que nunca habían sido identificadas, con lo cual nunca  nadie los reclamo.

Para cuando la policía por fin supo la identidad de este hombre, ya había profanado a mas de cien cuerpos. En el año 1849 en parís, la policía le tendió varias trampas, pero para cuando amanecía se daban cuenta de que el había ido a otro cementerio. Decidieron colocar alambre de espino para que no pudiese entrar, pero aun así el se las ingeniaba para entrar. Pero una noche vieron salir de entre las tumbas una figura, dispararon y creyeron darle, pero escapo.  Al amanecer se dieron cuenta de que había un trozo de tela ensangrentado en la zona donde salió aquella misteriosa persona de entre las tumbas, parecía el trozo de un uniforme militar. Esta tela les llevo al fin al sargento Bertrand de la división 74 del cuerpo de infantería, un hombre joven, interesante pero callado, el cual no se opuso a su arresto. El juicio se hizo publico y no tuvo ningún reparo en confesar su amor por los cadáveres y lo mucho que le satisfacía desmembrarlos y luego lanzar los trozos por los aires. También confeso lo placentero que le resultaba meter las manos en el interior de los cadáveres y sacarles las tripas y hasta le daba placer acariciar los demás órganos. Solía tumbarse en las tumbas junto a los cadáveres y los acariciaba  y abrazaba en ciertas ocasiones tan fuerte que los partía en dos.

Al final fue encarcelado, poco tiempo un año nada mas y le dejaron en libertad, tras ese año encerrado escribió con mucho detalle lo que le hizo a cada cuerpo y al salir se suicido.

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