Capítulo 72

Sonaba una canción de The Cure en la radio. Lovesong. No estaba mal. La lluvia seguía cayendo, aunque no tan densa como la noche anterior. Eran las seis de la mañana. Él condujo hasta un pueblo donde pronto cantaría el gallo. Dejó el coche allí. Me pidió que limpiase con un trapo el volante y los lugares donde hubiera posado la mano mientras él robaba otro. Dos minutos apenas duró.

—Me enseñó un hombre del Este.

—¿Cómo es eso?

—Él necesitaba un compañero, y yo me ofrecí. —me dijo conduciendo de vuelta a casa para dejarme a mí. —Yo hacía como que limpiaba el coche en mitad de la calle, así la gente pensaba que era mío, y mientras tanto él lo abría. Nunca nos pillaron. Él se volvió a su país con el dinero que ganó aquí. Y yo… Yo me condené.

Silencio. Sintonizó la misma radio que en el coche anterior.

—Parecía que disfrutabas la canción. —dijo.

—Sí…

A los cinco minutos frenó. Sacó de su cartera cinco euros y me los tendió junto a sus llaves.

—Confío en ti.

—¿Dos meses?

—Sí.

Mi mirada se volvió nostálgica. No me dejó en el barrio, sino en un pueblo a diez kilómetros de distancia. Los cinco euros eran para coger un autobús.

—Hasta siempre… —le dije.

—Aún no es una despedida.

—No, pero pronto lo será.

—Entonces di hasta luego, porque volveremos a vernos. —me sonrió. Yo tenía la sensación de que no volvería a verlo. De que quizá lo encontraban y lo mataban. Fui a salir cuando agarró mi muñeca y me atrajo hacia sí. Besó mis labios por última vez. Yo no quería, pero a la vez sí. Se lo permití de todas formas. Cerré los ojos y a los cinco segundos nos separamos. Nos miramos a los ojos y me fui. Arrancó de forma brusca y se alejó de mí acelerando.

—Hasta luego… —dije al aire, pensando que ya no volvería a verlo nunca más. Quince minutos para que viniera el bus, media hora más para llegar a casa. Y mi mirada no se separaba del suelo, de los recuerdos que tuve con él, y de lo que pudo haber sido.

Lágrimas con su nombre grabado caían por mis mejillas. Lágrimas con sus besos impregnados. Lágrimas con sus caricias. Lágrimas… con nuestros sueños rotos…

 

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