Final…

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Fin

 

Tenía el corazón en un puño. Se batía como la marea furiosa en el mar. Aleksander no volvía. Pasaban muchas horas desde que se había ido, y aún no volvía. ¿Lo habrían matado? ¿Se habría ido? ¿Me habría abandonado para siempre? No, por favor, Aleksander, vuelve. No me lo prometiste, pero vuelve… Yo… te amo…

Te amo…

Te amo…

Las lágrimas salieron de mis ojos, llorando desconsoladamente. Entonces me di cuenta de que apenas había transcurrido una hora y media desde que se había ido. Mi amor, lo siento, yo… Ya me ponía en lo peor. Esperaría otra hora más, y ya pensaría lo que quisie…

No, ¡ahí estaba! ¡Volvió a mí! Entró por la puerta y corrí hacia sus brazos, lanzándome sobre ellos, ilusionada, esperanzada. Pero él no sonreía. Tenía la mirada muerta. ¿Pasaría algo más? ¿Qué más nos podía acaecer? Yo quería ser libre a su lado. Me lo merecía, joder, me lo merecía… Lloré al verlo así, pero entonces me dijo:

– He ganado.

La sonrisa volvió a mi cara, pero no en la suya.

– ¿Qué sucede, mi amor?

– Maté a un amigo, y él buscaba la muerte. Ambos sabían que los iba a traicionar y que los había engañado. Soy un mentiroso, un traidor, un engañador, un…

– Chssss, mi vida, no te atormentes…

– Es que… pensé que todo acababa ahí, y no pude pensar más que en tu tierna mirada y en tu bella sonrisa, y no quise que se apagase. Quería estar contigo, y vivir contigo para el resto de la eternidad. Sin embargo yo sólo llevo oscuridad en mi corazón, y no quiero que te suceda lo mismo.

– ¿Qué…? ¿Me vas a abandonar? – pregunté, temblando.

– No, nunca, pero… no sé si lo pensaste alguna vez, pero no te convertiré nunca. No te pasaré esta maldición, no, no a ti. Viviremos juntos, y cuando llegue el momento, los dos nos iremos…

 

 

Y así, el tiempo transcurrió. A partir de ese día todo sucedió más rápido de lo que me esperaba. No me lo tomé muy bien al principio, pues yo quería estar para siempre con él, pero me dijo que había vida tras la muerte, y que nos reuniríamos allí. Quizá él iría al Infierno, pero yo le prometí esperar. Nunca había amado así a alguien, nunca. Era lo mejor que me había pasado, un hombre que me había rescatado de la oscuridad con su propia oscuridad.

Quemó los cadáveres, y limpió el resto. Apagó todo en aquella casa, y dejó los vestidos donde estaban. Nunca más volveríamos, y así fue. Nunca más volvimos al lugar donde nos conocimos. Adiós, para siempre. Todo empezó en luna llena, y todo terminó con ella.

Transcurrieron varios años hasta que me di cuenta de que hacía muchos sacrificios por mí. Pasaba muchas veces hambre, ya que yo no tenía siempre fuerzas para alimentarlo. En otras ocasiones entraba en frenesí y descuartizaba a la pobre víctima de la que se alimentaba, por lo general hombres delincuentes, y solía llorar de vez en cuando, pero yo siempre estaba ahí para consolarlo. En esos momentos me percataba de lo que quería salvarme. Además, él siempre adoró mi ternura, mi inocencia, aun habiendo sido la jueza sobre Silvia. No sé qué me pasó, fue un arrebato por todo el daño vivido, y, como si del destino se tratase, de un momento para otro supe todo lo que ella me había estado haciendo durante los años para mofarse de mí y creerse superior, y Aleksander volvió, cual ángel, para librarse de todo lo malo que me dañaba. Pero él llevaba una bestia dentro, y a veces me asustaba, mas siempre, siempre, estuve a su lado. Y yo supe que si me transformaba en eso, todo lo bueno en mí se iría, y perdería el control, o seguiría siendo igual de boba y la sed de sangre me mataría. Comprendí su decisión de protegerme, y lo amé mucho más por ello.

Y fuimos felices, sí. Viajamos por todo el mundo. Conocimos culturas nuevas, probamos comidas nuevas, y vivimos experiencias nuevas juntos. Yo vivía encerrada en la noche, como él, aunque a mí me afectaba más. Solía usar su sangre para curarme, pero se vio reflejado en mi cuerpo. Poco a poco yo fui envejeciendo, y él se mantenía joven por siempre. La cuestión es que, por muchos años que pasaron, y por mucha desmejora que yo viví debido a que casi nunca me daba el sol, él siguió viéndome bella. Era el hombre perfecto, sin duda, a pesar de sus crímenes, y de las mentiras que dijera. Siempre me fue fiel, lo supe por su amor y sus ojos, por su sinceridad en sus palabras, y por sus actos. Siempre me trató bien, y nunca se pasó conmigo. Viví como una reina a su lado. Pero todo tiene un fin, y esto no es distinto.

 

Treinta años pasaron desde que lo conocí, y ya nos cansamos del mundo. Nunca de nosotros, pero sí de vivir de esa forma. Era el momento de que pasáramos a la otra vida, juntos, aunque fuéramos a planos distintos, yo lo esperaría cuanto hiciera falta. Me dijo que las condenas del Infierno no son eternas, aunque se piense que sí, y eso me calmaba. Aun así, siempre hubo arrepentimiento en su mirada, por cruel que fuera en ocasiones. Así lo educaron, y así vivió. Quizá obtendría el perdón divino, y eso lo averiguaríamos pronto.

Por muchos años que pasasen, siempre tuvo ese aire exótico y misterioso que lo caracterizaba. Siempre me contaba aventuras o historias nuevas, aunque en su momento dijera que no tenía muchas. Y siempre me impresionaba. Pero ya todo iba a dar a su fin.

Nos sentamos en lo alto de una colina alejada de las leyes de los hombres. De cualquier civilización, o tribu. Nos sentamos de noche, a pocas horas del alba, e hicimos el amor como nunca antes, pues era nuestra última vez. Entonces nos sentamos uno al lado del otro, desnudos, preparándonos para ver salir el sol. Se sentó enfrente de mí, con su espalda apoyada sobre mi torso, y mis brazos rodeándole, de los cuales brotaba sangre debido a los cortes que me había realizado sobre ellos. Poco a poco el sol fue saliendo. Aleksander se aguantó la sed que mi sangre le provocó, y miró hacia el sol, el cual, progresivamente, fue quemándolo. Era un amanecer precioso. Entonces miró mis ojos y dijo:

– Me voy de este mundo contemplando lo más bello que la creación dio lugar: a ti.

Le sonreí, y entonces se convirtió en cenizas, con una sonrisa que pronto desapareció entre mis brazos. La falta de sangre me empezó a afectar con un mareo y una sensación de desvanecimiento. Un fuerte viento sopló, llevándose a mi alma junto a la de mi amado, y a un montón de Cenizas Bañadas en Sangre.

Hasta siempre, Aleksander…

 

 

 

 

 

 

 

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